Trazo Freudiano

martes, 10 de abril de 2012

Sostiene Tabucchi

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miércoles, 28 de marzo de 2012

Entrevista por el día internacional de la mujer

                      

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lunes, 12 de marzo de 2012

Comentario al Libro "Los Pliegues del Sujeto"

 Por Miguel Ángel Alonso




Los heterónimos
Estamos ante el escenario dramático de los heterónimos, pero quizá no todos están familiarizados con la lectura de Fernando Pessoa. Por eso, quizá convenga aclarar qué son los heterónimos. Son personajes que el escritor portugués sentía nacer realmente dentro de su ser, ya desde muy temprana edad, independientes de su voluntad, con su fisonomía, sus fechas de nacimiento y de muerte, diferentes de las del mismo Fernando Pessoa, y lo que es más relevante, con sus voces propias y sus obras propias, con las cuales entran en conexión recíproca, tanto amistosa como polémica, así como paternal, a través de presentaciones y comentarios que unos realizan sobre la posición de los otros en el mundo, pero también participan de forma muy viva en la realidad social, muchas veces creando polémicas que     sacuden el ámbito cultural y político portugués.
Son autores siempre relacionados con la escritura, literarios, prosistas, poetas, filósofos, etc. Los principales heterónimos son los poetas Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, el prosista y semi-heterónimo Bernardo Soares (Fernando Pessoa dice sobre Bernardo Soares: “soy yo menos el raciocinio y la afectividad”), y el poeta ortónimo, el nombre propio Fernando Pessoa, además de toda una pléyade de personajes que fueron apareciendo a lo largo de su vida, como Caballero de Pas, surgido cuando todavía era un niño de seis años, Alexander Search, el heterónimo que escribía en inglés, o el filósofo Antonio Mora, por citar alguno de los más significativos. A todos ellos se refiere Ani Bustamante, y de los principales, los cuatro primeros que mencioné, realiza un exhaustivo, brillante y didáctico análisis en el final del libro.
Hay que decir que todos ellos trasmiten una poderosa sensación de ser personajes reales, tanto para el propio Pessoa como para quien los lee. De ello puede darnos buena cuenta el hecho de que el mismo José Saramago haya escrito una novela O ano da morte de Ricardo Reis en la cual el poeta Ricardo Reis, uno de los heterónimos, regresa de Brasil, y se encuentra con su creador Fernando Pessoa, con el cual mantiene un amplio contacto y un suculento diálogo hasta el momento de su muerte.

Los pliegues del sujeto
El libro de Ani Bustamante es uno de los ensayos más audaces, fundamentados y originales que se escribieron sobre Fernando Pessoa y su obra. ¿Cuál es el resorte que pone en movimiento a Ani Bustamante?: Su inquietud, no sé si me engaño nombrándola angustia, por dar respuesta a una pregunta que bulle en su interior, el enigma del ser y el estatuto del sujeto contemporáneo. Por lo tanto, inscribo su libro en un ámbito muy concreto del pensamiento actual, aquel en el que cierta filosofía y el psicoanálisis lacaniano, comparten la inquietud de que el sujeto actual no encuentre ubicación en un escenario que lo acoja para seguir nombrándose humano y no se diluya en el abismo de animalidad biológica al que lo condena la ciencia.
Para llegar a la formalización de ese escenario nuevo para el sujeto, Ani Bustamante hace un recorrido en el que divide su libro en diferentes partes.
1ª parte: Establece los pilares teóricos que van a sustentar la nueva idea de sujeto. Toma, fundamentalmente, referencias de Sigmund Freud, Jacques Lacan, Deleuze y Winnicott, sin dejar de acudir a otros autores filosóficos como Foucault, Nietzsche, etc. Analiza la Spaltung freudiana, la división subjetiva y la topología del nudo Borromeo en Lacan, la idea de pliegue, intervalo y rizoma en Deleuze, y el concepto de espacio transicional y potencial en Winnicott. Pero la complejidad que sugieren estos conceptos y topologías, queda disuelta por un brillante esfuerzo didáctico que los hace asequibles a todos los lectores, incluso a los que no están familiarizados con la filosofía y el psicoanálisis.
2ª parte: En la que Ani realiza un bello, magnífico y sugerente recorrido literario por la heteronimia de Fernando Pessoa, poniendo, además, en relación a los heterónimos entre sí. Relación que va a ser crucial en la tesis sobre el sujeto y su topología.
3ª parte: En la que implica al psicoanálisis y sus conceptos en la obra de Fernando Pessoa. Toma del psicoanálisis conceptos tan relevantes como Nombre del padre, litoral, objeto a, etc., que permiten entender mejor la posición existencial de Fernando Pessoa.
4ª parte: Establece una fecunda topología que atañe a Pessoa en tanto sujeto. En ella muestra como la relación entre los heterónimos se anuda alrededor de un vacío al que se liga íntimamente el lenguaje en un clamor que provoca diferentes movimientos de pliegues, repliegues y despliegues, donde se van situando los heterónimos.
Un nuevo pensamiento: una nueva idea de sujeto
¿En qué marco podemos delimitar la nueva idea de sujeto?
Ani Bustamante observa que el sujeto contemporáneo está condicionado por la caída de los ideales, de los artefactos trascendentes (74), de la sustancia metafísica profunda (41, 74) y de las ideas románticas de unidad que sostenían al sujeto tradicional, a la vez cuestiona la memoria histórica como fuente de verdad, cuestiona sus re-presentaciones, sus repeticiones mortíferas, porque alejan de esa verdad fijando el sentido de forma rígida cosificando la existencia. Y propone una subversión del pensamiento como única forma para tratar de establecer un escenario diferente que pueda acoger una nueva idea de sujeto.
Se trataría de desplazarnos desde las profundidades de lo trascendente, desde el sujeto cartesiano, desde el sujeto del conocimiento, desde el sujeto de la conciencia que procura la síntesis del yo, para privilegiar un sujeto de las superficies, signado por su división, sus fracturas, por lo real, por el sinsentido, la imposibilidad, la evanescencia, en definitiva, por la castración. Pero la particularidad de estos elementos es que no serían relevantes en la constitución del nuevo sujeto por su negatividad, sino por su potencia como resortes para la creación.
Para pensar este sujeto, la topología de superficies va a ser fundamental en su contraposición con las profundidades trascendentes, metafísicas e históricas del sujeto. Si en lo trascendente se busca la causa original que dé sentido a la existencia, en la topología de superficies estaríamos en planos de inmanencia, donde adentro y afuera, simbólico y real, sentido y sinsentido, nombrable e innombrable, lo más íntimo y lo más Otro del sujeto, plegamientos y desplegamientos, se muestran en un movimiento de continuidades y reversibilidades donde los opuestos están siempre presentes y articulándose en la constitución del sujeto. Es un sujeto emparentado con lo real lacaniano y con el rizoma de Deleuze.
Para darnos idea del sujeto de que se trata podemos parafrasear a Lacan cuando subvierte el cogito cartesiano: “Soy donde no pienso”, o bien “No soy allí donde soy el juguete de mi pensamiento, pienso en lo que soy allí donde no pienso pensar” (194)
Podríamos decir que el pensamiento no hace sino chocar contra el vacío, no puede capturar lo imposible, lo real, por lo tanto, de lo que se trataría es de ver qué efecto produce ese imposible en el ser. En Pessoa, nada menos que la heteronimia.
Esta sería, expresada sucintamente, la propuesta ética de Ani Bustamante sobre la que va a conformar un nuevo escenario y una nueva idea de sujeto.
La poesía
En el aspecto literario, lo primero que hay que señalar es la auténtica sensación de encuentro que tuvo Ani con el poeta portugués, encuentro que se traduce, voy a decir, en un auténtico amor. Ella le entrega a la obra de Pessoa lo que antes denominé su inquietud, su angustia ante el enigma que supone la pregunta por el sujeto, y se lo entrega porque intuye que es en Pessoa donde va a encontrar la respuesta. Y eso es amor, al menos la vertiente transferencial del mismo. Pero además, es la poesía la que daría la respuesta, porque sólo desde las grietas que ella produce en el orden gramatical establecido, puede emerger algo nuevo.
Es decir, Ani Bustamante se da cuenta que los discursos clásicos no alcanzan a disolver la inquietud de la que parte. Es curioso que se haya dirigido a la poesía. Y es que comprendió que cuando se trata de relacionarse con los abismos, con lo real, con la imposibilidad, con el vacío, los poetas, en su locura, en su arrebato, van siempre por delante de los discursos en relación con el saber hacer con esos vacíos. Eso es lo que supo ver perfectamente Ani Bustamante, como antes lo habían visto los autores filosóficos y psicoanalíticos que tomó como referencia. Y en particular, supo ver que Pessoa era un auténtico filón que estaba a la vista.
La verdad
Lo que prima en Pessoa es la imposibilidad de comprender el mundo, es su forma de vacío, siempre presente en su reflexión por la verdad. Ésta siempre se movería en un terreno paradójico en el que constantemente es necesario poner en juego fuerzas de diferentes signo, lo nombrable y lo innombrable, el ser y el no-ser.
En Los pliegues del sujeto vemos a Pessoa fluctuando ante el vacío en dos direcciones posibles, una que lo abisma y fija en la repetición mortífera de la angustia ante ese vacío, y la consiguiente identificación con la melancolía, otra en la que ese vacío se constituye como potencia creadora, en este caso de una obra literaria.
Lo que hace Pessoa es caminar por el litoral que se configura en el encuentro del sentido y el sinsentido, y a partir de ahí, como sujeto, realiza una operación, crea un artificio operativo, la escritura, en la que se diversifica en una multiplicidad de cadenas significantes, los heterónimos. Estos, por un lado, le permiten distanciarse del vacío, pero nunca llegando a la plenitud del sentido. Es una escritura que se escribe, por tanto, en el intervalo entre sentido y sinsentido. Es una de sus características.
Podemos entender esta cuestión del intervalo en el siguiente párrafo pronunciado por Bernardo Soares: “Soy la pausa entre lo que soy y lo que no soy”. Ya veremos luego lo que puede llegar a significar esa pausa.
El Nombre del padre, y su pluralización:
A continuación, traeré a colación alguno de los planteamientos que realiza Ani en relación al psicoanálisis, y espero que con ello quedemos bien situados en el umbral de la novedosa topología que plantea en su obra.
Voy a comenzar por una cuestión que trata con profusión a lo largo del libro y que fluye a lo largo de toda la obra de Pessoa, la función del Nombre del Padre. Porque tanto en Pessoa como en el sujeto que se trata de situar, es la función que está siempre presente bien en su falta, su precariedad o en su suplencia.
Ani nos habla de cuando surgió el primer heterónimo, era francés, Caballero de Pas, ya a los seis años. Surge con dos particularidades muy llamativas, poco después de haber muerto su padre, y sustentando en su nominación la partícula negativa “pas”. Es decir, desaparece el que cumple la función de instaurar la ley e introducir al sujeto en el mundo simbólico, y al momento aparece un heterónimo soportado en la negatividad. Ya está el vacío presente a tan temprana edad. A medida que pasa el tiempo siguen surgiendo multitud de heterónimos. Es curioso que uno de ellos, Alberto Caeiro, sea nombrado como maestro y padre de todos los heterónimos, incluso de Fernando Pessoa como poeta ortónimo, y además muera de la misma enfermedad que el padre real.
El concepto de Nombre del Padre nos permite entender mejor la función que cumplen los heterónimos. Ante la falta de aquél que podría estar destinado a cumplir esa función, Pessoa crea un artefacto como suplencia que le permite sostenerse en el mundo simbólico, primero, poniéndose en el lugar de la función, nombrando él mismo como padre y creando un universo simbólico. Y en segundo lugar, pluralizándose en diversas cadenas que en sus interrelaciones, no en sus metonimias sin fin, cumplirían la función de anudarlo al mundo simbólico. Este sería uno de los ejes fundamentales del libro.
Pero pese a que retornamos hacia la historia de Pessoa, Ani nos advierte que no se trata de caer en un psicologicismo que se detenga en un análisis histórico del pathos del poeta para fijar el sentido de su existencia, sino que estamos analizando el movimiento contrario: un acto de producción, un acto de creación del sujeto en relación con la verdad.
Los heterónimos: Un “Drama em gente”
Siguiendo el hilo que nos marca el libro de Ani Bustamante, podemos hacer una recreación de una de las escenificaciones dramáticas más grandiosas que se hayan escrito en la Literatura. Lo que el mismo Pessoa nombró como Drama em gente. ¿Qué es el Drama em gente? Un drama que se desarrolla en un escenario singular.
Para Pessoa, “tratar de comprender es menos que ser hombre porque ser hombre es saber que no se puede comprender”. Es decir, el vacío central de su existencia se le presenta como verdad. Y una de las cuestiones que más le angustiaba era el paso del tiempo que lo iba a confrontar con esa verdad. Todos estos conflictos son encarnados por diversos personajes en el escenario de su drama Fausto, un drama tradicional, en actos, que se desarrolla en una dialéctica entre la inteligencia y la vida. El fracaso de este drama hace que Pessoa proyecte esos conflictos hacia el exterior, de una forma abstracta y los encarne en los heterónimos pasando a ser, ya no un Drama en actos ni en personajes reales, sino en almas. Por eso se llama drama em gente.
Como dice Ani, pasa del “Poemodrama” al “Poetodrama”. Pero con una particularidad, ahora estamos ante un drama sin argumento, sin historia y sin trama, es un drama estático que se desarrolla en escenas independientes unas de otras. Pessoa se situaría en el instante como ilusión que detiene el tiempo y lo aleja de los abismos que tanto signan su existencia.
Para seguir significando el drama en gente, ahora en relación con su escenario, cito una frase de Ricardo Reis que nos puede situar de lleno en el escenario del drama: "Vivem em nós inúmeros, se penso ou sinto, ignoro quem é que pensa ou sente, sou somente o lugar onde se pensa e sente(Odes de Ricardo Reis).
Vemos que el ser de Fernando Pessoa es el escenario en el que esas vidas se representan. Y como en todo drama, en ese ser-escenario, vamos a encontrar una representación de conflictos y angustias a través de las relaciones, vivencias, diálogos entre heterónimos.
Los acontecimientos como hitos para el desenvolvimiento de los heterónimos
Esta estructura se moviliza con ocasión de cualquier acontecimiento que surja en el pensamiento de Fernando Pessoa. Entre los señalados por Ani, pienso en un delirio: el afán de Pessoa por crear un escenario propio, la recuperación de la gloria perdida de Portugal propiciando la constitución del Quinto Imperio, el portugués, no militar ni guerrero, sino cultural y gramático, de poetas, cuya lengua sería la portuguesa y su religión el paganismo.
En lo religioso, Pessoa rechaza el cristianismo porque habría producido un gran deterioro espiritual por sus caracteres extrahumanos. Como contraposición propone el regreso al paganismo por ser más humano y configurar una idea de naturaleza plural. Los dioses paganos, al igual que el drama em gente, configuran un drama estático, fuera del tiempo y representado por una pluralidad de dioses de caracteres humanos. Ya no se trata de un padre, sino de muchos padres, no se trata de la angustia de comprender el mundo, sino de contemplarlo, de sentirlo. Es el paralelismo con los heterónimos, la pluralización del nombre del padre. No hay un significante que regule el universo, sino una apertura significante.
Pero para establecer el regreso al paganismo, se necesitaría una gran cantidad de literatos, de poetas, de filósofos. Su decisión sería la de encarnar él mismo toda esa pléyade de figuras necesarias para la consecución del Quinto Impero. Sería el supra-Camoes, el dios que devolvería la gloria a Portugal, sería todos los poetas. Si no se instaló en la locura del UNO, fue porque primó la diversificación en la pluralidad simbólica de los heterónimos.
Del lado de la lengua portuguesa, cada poeta daría un matiz diferente, y todos juntos conformarían el abanico expresivo necesario para una lengua digna del Quinto Imperio. Entendemos que para Pessoa: “Mi patria es la lengua portuguesa”. Ahí construyó su imperio.
Conclusión
Todo lo evocado sobre la heteronimia y sobre el sujeto, en donde traté de seguir los planteamientos de Ani Bustamante, creo que nos sitúan en el umbral de la construcción geométrica y topológica de la heteronimia, que tendrá que ver con la constitución del sujeto moderno.
Sólo quiero añadir que me parece fundamental que un Poeta como Fernando Pessoa sea referencia para alguien que, como Ani Bustamante, transita por los escenarios de la filosofía y el psicoanálisis. Su mérito es haber reunido Filosofía, Psicoanálisis y Topología, para hacer de los heterónimos una creación verdaderamente fecunda y potente teóricamente, alrededor de lo real, que posibilita pensar un espacio nuevo para el sujeto. Es lo que hay que celebrar con todo fervor.
Lo que me gustaría a partir de aquí, es que se diluyese una extrañeza que siempre me acompaña. Me pregunto por qué Pessoa no tuvo la fortuna de establecerse como referencia habitual en las conversaciones entre psicoanalistas, me produce mucha extrañeza que apenas se escuche su nombre, máximo cuando es una veta que está a la luz. Yo creo que cada párrafo de su obra es susceptible de propiciar un comentario relacionado con el psicoanálisis, es susceptible de producir la implicación del psicoanálisis en su obra.
Por eso tengo la esperanza de que la lectura del Los pliegues del sujeto, se constituya en motor de un deseo de lectura que se proyecte sobre la obra del poeta portugués. Es lo que merece tanto Fernando Pessoa por su maravilloso arrebato, como Ani Bustamante por su fundamentada, potente y original construcción topológica.
Miguel Angel Alonso

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domingo, 8 de enero de 2012

Comentario del libro: Extrañas Parejas de José Milmaniene

      Por Martín Uranga


Con la nueva edición del libro Extrañas parejas (Biblos, 2011) de José Milmaniene, asistimos a la renovada posibilidad de adentrarnos, a partir de la penetrante escritura de su autor, en el cotidiano universo de la psicopatología de la vida erótica. Si Milmaniene sitúa desde las primeras páginas del texto que el ordenamiento diferencial del mundo simbólico está signado por la oposición esencial entre lo masculino y lo femenino, es porque su abordaje del universo erótico constituido entre los seres parlantes, se ancla en el núcleo central de la teoría freudiana que ubica al complejo de castración como pivote nuclear del proceso de subjetivación. El acceso a la irreductible dimensión de la alteridad, auspiciada si y sólo si a través del reconocimiento de la diferencia sexual, habilita el devenir desiderativo neurótico, así como su recusación en sus diferentes modalidades da lugar a las posiciones existenciales propias de la perversión y de la psicosis.

El sujeto acontece como sexuado a partir de su inscripción significante que lo sitúa en torno a lo real del sexo y de la muerte. De esta manera, el pasaje por la castración simbólica, que evoca el núcleo no simbolizable de la polaridadmasculino/femenino, constituye el operador lógico que posiciona al existente como efecto de un discurso que padece de la insuficiencia estructural de dar cuenta de manera acabada del binarismo sexual signado por la diferencia sexual anatómica. Allí donde el neurótico reconoce la diferencia sexual, no sin un anclaje de un residuo fetichístico renegatorio que da cuenta de la imposibilidad de simbolizar la diferencia como tal, el perverso la reniega a través de la persistencia de la sustancialización del fetiche en el lugar de la falta. Mientras que el psicótico, por otro lado, no puede sino ver un pene en el Otro materno por la identificación indisoluble entre el falo y el órgano viril masculino que lo sumerge en un abigarrado mundo imaginario donde la simbolización de la diferencia no tiene lugar alguno. De esta manera, la oposición binaria masculino/femenino en tanto dato constitutivo de la diferencia esencial que inscribe el orden simbólico, puede sufrir distintos avatares según la modalidad de atravesamiento del complejo de castración. En este sentido, como efecto de las distintas posiciones existenciales que se entrecruzan dialécticamente desde las marcas singulares de cada sujeto, así como a partir de las diversas formas de elaboración subjetiva de los núcleos traumáticos que resisten la metabolización simbólica de lo real del sexo, se articula históricamente la enrevesada psicopatología de la vida erótica en la que Milmaniene propone situarnos a través de su lúcido texto.

Uno de los aspectos más sobresalientes evidenciados a través de la lectura de Extrañas parejas, consiste en el empeño del autor por situar una y otra vez las coordenadas simbólicas del sujeto sexuado, articuladas por la estructura binaria signada por la polaridad masculino/femenino. El pensamiento de Milmaniene es claro y contundente: la dignidad del orden simbólico es inherente a la caída de las ilusiones de complementariedad que subyacen tanto en las concepciones que suponen el acoplamiento simétrico y armónico entre lo masculino y lo femenino, como en aquellas más típicas de la posmodernidad que recusan la diferencia y con ella el suplemento femenino que cuestiona la hegemonía fálica. 

Si el falo en tanto significante marca de modo indeleble al sujeto como sexuado y en falta, sólo desde la asunción de la pérdida que toda posición impone, es como lo masculino y lo femenino podrá articularse poéticamente entre los sujetos a través del reconocimiento de la diferencia sexual. La recusación de la diferencia, que implica la identificación del órgano viril con el falo, necesariamente impone la forclusión de lo femenino. Allí donde la diferencia es recusada, sólo cabe la femineidad como simulacro: como farsa de armonía con lo masculino en los convencionalismos y formatos heterosexuales donde reina en rigor la unicidad fálica, o como fantasma forcluído en las relaciones homosexuales donde en sus diversas variedades lo masculino y lo femenino son equivalentes a la impostura fetichística. No hay lugar para lo masculino y lo femenino en su auténtica dimensión binaria si no es a partir de la operatividad de la Ley del padre, que acotando los efectos devastadores de La Cosa efectúa la pacificación simbólica necesaria a través del entramado del anudamiento del goce fálico con el goce Otro de lo femenino. Esta dialéctica inacabada, deviene como efecto del reconocimiento de la diferencia sexual que sólo puede ser inscripta en términos de falo-castración en el punto de tropiezo del discurso frente a lo indecible de lo real signado por la diferencia sexual anatómica.

De esta manera, el autor analiza la vida erótica desde dos perspectivas fundamentales: a) en relaciones donde lo masculino y lo femenino se ordenan desde una auténtica lógica binaria, constituyendo la psicopatología el campo de expresión de los componentes sexuales homoeróticos reprimidos. En estos casos, tanto la represión de la masculinidad en la mujer como del goce femenino en el hombre conllevan, siguiendo a Freud, la represión de la femineidad, en tanto en ambos casos lo que intenta obturarse es la asunción de una identidad sexuada atravesada por la castración que el significante fálico devela en el suplemento del goce Otro. Aquí, tanto lo masculino como lo femenino, si bien se sostienen en el reconocimiento de la diferencia, deben lidiar con los componentes narcisísticos que buscan velarla a través de diversas formas inhibitorias, sintomáticas y actuadas. b) en relaciones donde lo masculino y lo femenino se diluyen como tales en aras de un semblante fetichístico que recrea el afán de completud propio de la mítica pagana.Aquí la diferencia es reemplazada por la totalidad, las posiciones sexuadas por las identidades andróginas, el pluralismo poético de los sexos por la diversidad polimorfa, la potencia fálica por la pretensión omnipotente de la unicidad del fetiche, y lo indecible de lo femenino por las imposturas ideologizadas. 

En consonancia con la afirmación de la lógica binaria inherente a la ética de la diferencia del sujeto sexuado, el autor nos dice que las palabras de mujer que testimonian acerca de su relación inmediata con la operatoria de la castración, se entraman dialécticamente con el discurso de hombre más afecto a la construcción de sentidos. Masculino/femenino, derivados opositores de la ética de la diferencia que la Ley simbólica instaura, implican entonces efectos significantes diferentes para cada condición sexuada.

El autor, en correlato con la aseveración de Lacan que expresa que no hay relación sexual sino cópula significante entre los sexos, recupera de este modo dos estructuraciones diferentes del mundo simbólico que denuncian los impactos disímiles que la acción del lenguaje ejerce sobre cada sexo. En este sentido, si ambas condiciones sexuadas evocan relaciones diferentes con la estructuración simbólica, la posibilidad de anudamiento erótico entre ambas reside en el reconocimiento de la diferencia que la propia Ley impone en tanto referencia última de la estructura.

De este modo, es el pacto simbólico el formato significante que auspicia la relación erótica entre los sexos a través del lazo amoroso que constituye su sostén. Sólo a partir de una referencia tercera que evoque la diferencia irreductible derivada de la Ley simbólica, será posible el entrelazamiento de las distintas posiciones sexuadas en un entramado libidinal que acote los excesos narcisistas a favor de un vínculo amoroso constituido por el don de la ofrenda recíproca.
Distinta es la situación, según nos señala el autor, allí donde la ética de la diferencia es vulnerada en pos de las configuraciones narcisísticas que obturan el reconocimiento de la alteridad evocada por la inscripción simbólica de la diferencia sexual. En este sentido, cuando la diferencia sexual es recusada, el muro narcisista adquiere una dimensión obstructiva e infranqueable, alojándose el sujeto de este modo en una morada imaginaria sin mediación simbólica donde lo masculino y lo femenino se constituyen en meras mascaradas que actúan como semblantes reversibles de la impostura fetichística. Así, el lazo erótico se anuda en estos casos, por la estructuración misma de su dimensión dual y narcisística, a partir de acuerdos entre partes que desde su lógica especular se sustraen a la sanción de la terceridad simbólica.

Resulta altamente enriquecedor retornar a Extrañas parejas a partir de la lectura del último libro de Milmaniene,Clínica de la diferencia en tiempos de perversión generalizada. En los más de 10 años transcurridos entre ambos textos, el pensamiento del autor, en consonancia con los cambios vertiginosos acontecidos en el orden socio-simbólico, se ha tornado más incisivo y categórico. Así, en Clínica de la diferencia, en tiempos de auge de las formaciones identitarias que reniegan de la Ley simbólica, el autor nos habla de posiciones transclínicas que, como efecto del colapso de la diferencia, se expresan más allá de la nosografía clásica. Por otro lado, en Clínica de la diferencia desarrolla exhaustivamente las distintas formas de manifestación de la recusación generalizada de la castración en nuestra época.

Masculino y femenino, constituyen la oposición esencial que articula la estructuración de la vida erótica, y, sus distintas derivaciones, según Milmaniene teoriza en Clínica de la diferencia, se expresan en el campo cultural en una relación dialéctica y dinámica con las distintas modalidades discursivas que constituyen el universo social. Así, si en Extrañas parejas Milmaniene expresa con toda claridad e impecable lógica que le resulta difícil pensar “que un individuo que puede negar la diferencia de los sexos –a favor de una recusación perversa de la castración- mantenga simultáneamente indemne en cualquier campo (sea artístico, cultural, social, etcétera) su relación con la Ley del padre que funda una ética de la diferencia”, en Clínica de la diferencia arremete con el análisis de las consecuencias de esta recusación articulada en los distintos campos de la cultura. Empezando por el antisemitismo y el ataque a la cuadriplicidad, el texto discurre de este modo por el análisis del arte contemporáneo, de las distintas conformaciones sociales y de la clínica. Así, el autor nos deja en Clínica de la diferencia su audaz testimonio y su preciso abordaje de los diversos escenarios socio-culturales que se relacionan dialécticamente con la estructura fundacional articulada por el complejo de castración que Milmaniene desarrolla en Extrañas parejas a partir del análisis de la psicopatología de la vida erótica.

De esta manera, Extrañas parejas se constituye en un aguda percepción de la vida erótica testimoniada como alegato ético que recrea poéticamente un decir acerca de la diferencia sexual. Aborda creativamente el núcleo esencial a partir del cual desarrollará en Clínica de la diferencia el malestar de la cultura en nuestros tiempos de perversión generalizada.

Milmaniene nos enseña que el valor axiomático y la claridad conceptual no se riñen con la poética del discurso. Con rigor y vigor, transmite con precisión las “verdades necesarias” que sólo desde el lugar enunciativo de la poesía pueden articularse. Si desde el academicismo los conceptos se enseñan pedagógicamente desde la frialdad literalizada debido a que la academia precisa necesariamente forcluir al sujeto del inconciente para transmitir lo suyo, no es desde el discurso universitario que Milmaniene apela a sus lectores. Sería incongruente intentar transmitir el psicoanálisis desde lógicas esquemáticas consabidas y prefijadas. Implicaría desconocer el tropiezo discursivo que funda al sujeto ético del inconciente. El lugar de enunciación del autor es solidario con su enseñanza. Si la dialéctica entre lo masculino y lo femenino sólo es posible desde la subjetivación poética de la falta, no es sino desde un universo poético y metafórico agujereado una y otra vez por Milmaniene, que la verdad con estructura de ficción vehiculizada por el psicoanálisis puede articularse en un decir. Es que la poesía es inherente a la diferencia, y sólo desde allí puede su verdad ser dicha a través de la estructura ficcional que le es consustancial.

Extrañas parejas es un libro dónde la axiomática discursiva que la ética del deseo responsable impone, nos impacta desde la densidad existencial que las distintas historias humanas evocan a través de los infinitos rodeos del Eros y la Ley. Un texto necesario, que retorna con renovado vigor en esta nueva edición, en tiempos de perversión generalizada en que la singularidad de los deseos es relegada en pos de la entronización de los proliferantes universos caóticos que uniforman la existencia a través de la máscara de la diversidad que las políticas de goce instituyen y celebran.


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miércoles, 5 de octubre de 2011

Especial: Chabuca Granda

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miércoles, 29 de junio de 2011

Entrevista a José Milmaniene


                                                En recuerdo de Manuel Pombo Sánchez
Hoy llegó a mis manos la Revista del Colegio de Psicólogos de Cataluña, en ella encontré una entrevista que le hiciera Manuel Pombo a José Milmaniene.  La leo como quien asiste a la celebración de un encuentro con ese extranjero que, cantando con otro acento, puede sin embargo, tocar la fibra más íntima.

En esta entrevista, filósofo y psicoanalista mantienen la mirada puesta en ese horizonte de alteridad que ellos mismos supieron sostener y que labró una fecunda amistad.

Dejo el enlace a la revista del Colegio de Psicólogos de Cataluña:

En las páginas 56-58 podrán leer la entrevista.

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viernes, 24 de junio de 2011

Ciudades Heterónimas


En medio de saudades, de cartas que evidencian lejanías y afecto, veo dibujarse entre ausencias y letras, una suerte de personaje-ciudad. Hoy desperté con una cartografía que me llevo a caminar por Corrientes, cruzar Gran Vía y llegar hasta malecón Armendariz. Una vez ahí, frente a mis bordes limeños, decidí continuar, con paso lento, para sentir en los pies la textura de la extrañeza de las olas al rozar la playa de la infancia.
Seguí caminando mirando al mar de reojo, un sonido llevó mis pupilas a llenarse de azul para  divisar un barco que llevaba consigo una banda de músicos y poetas delirantes.

Terminé el desayuno,
ya sin galletas ni mermelada, mis manos vacías buscaron el cotidiano ejercicio de las teclas, el sonido y las palabras.
El buzón de entrada trae noticias Argentinas.
Es evidente el espacio que se abre entre el muelle y el navío, y en él invento una ciudad con fragmentos de las ciudades queridas, recorridas. Una ciudad que, así como yo, es muchas. Con puentes, ríos y alamedas construidos entre aviones y cartas.
Me pregunto por lo que inspira a formar esta recolección de fragmentos urbanos que es una manera de ganar territorios… perdiéndolos.
Una manera de territorializarse a costa de desterritorializarse.
La lógica del no-todo parece asomar.
Me faltan palabras para dar cuenta de esta sensación. Para dar, lo que no tengo.
Me faltan.
Asomo por la ventana buscando nuevos aires.
Pasa por Larco un hombre perdido, se le ve joven e inquieto. Camina con un pie en la vereda y otro en la pista. Mira hacia arriba y toca mi mirada, señala un afiche que dice: “despenalizar la marihuana” y dibuja cenizas con sus manos.
Miro hacia dentro del cuarto, está encendido el fuego sagrado de la música.
-Tenías razón Lucho,  digo entre cita y cita, qué bien suenan las cuerdas cuando la loca sale a escena.
¿La loca? ¿quién es ella que habita en los intersticios? ¿dónde vive?
- Un quieto fingidor de árbol, dice: ella vive en el volcán.
Mientras las cenizas pluralizan la tierra una, en ciudades de fuego, en suspiros de España, en Aires del puerto de Lisboa.

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miércoles, 1 de junio de 2011

pliegues de tiempo con piel



De la frontera al pliegue, hago un giro conceptual, generando, re-generando, géneros.
Se trata del espacio, del lugar que ocupa un cuerpo en devenir y de este giro conceptual que me lleva a pensar lo profundo como superficie: “lo más profundo es la piel” dice Paul Valery, y yo, recorro superficies y giro.
¿Cómo es que se construye un yo? y, ¿A través de qué mecanismos yo devengo otro?
Hacer de la frontera un pliegue, un pliegue que se desliza en un plano de inmanencia, un pliegue que va creando interioridad y exterioridad a partir de las modulaciones que crean sus movimientos.

No hay nada que descubrir, no hay arqueología posible para desenterrar lo profundo. Lo profundo es la piel, he dicho. Y el adentro es un pliegue del afuera. Como la nave de los locos de Foucault, este encierro de la locura en el afuera absoluto del océano. El afuera absoluto. El pensamiento del afuera. ¿Qué sería de un yo sin un afuera? ¿Sin lo abierto que en su extremo deviene encierro? Yo soy un otro, y pienso con Pessoa que “somos algo que sucede en el entreacto de un espectáculo”.
No el espectáculo, sino el entre-
Acto que hace pliegue, pliegue que es movimiento. Superficie, piel.
Hago un giro conceptual,
¿Género?
Un pliegue en el cuerpo. Ser mujer, abrirse hasta navegar el encierro, hasta la locura.
Un pliegue, mujer, espacio.
Un pliegue, carne, huella, muerte, tiempo.

Me pidieron que escriba, cuando no podía hacerlo.
Escribir
No puedo
Nadie puede
Hay que decirlo
No se puede
Pero se escribe
Una y otra vez regresa este párrafo del libro “Escribir” de Marguerite Duras. Una y otra vez, ese compás de imposibilidad, de generar algo desde la imposibilidad… yo, genero.

El café comercial, Madrid. Un encuentro para la tarea compartida de analizar la disgregación del sujeto a partir de “Escribir”. Raquel obsesionada con la lectura adorniana yo, intentando Lacan.
Raquel escribe desesperadamente, hojas y hojas alrededor del café y los cigarros, todo es humo en el aire del Comercial. Humo y calor, voces que se mezclan con el olor a churros y tiempo. Diarios y tertulias, habla madrileña compulsiva, acelerada, atropellada.

-       la muerte de una mosca es la muerte, ahí está la fuerza del materialismo filosófico. Todo el universo se concretiza en esa mosca muerta.
Yo estoy pasmada, antimetafisicamente pasmada. Momento para reir.
La muerte y punto.

Escribir, no se puede. Pero escribimos.

A través de la ventana se abre la ciudad, desde la esquina del Comercial, la Glorieta de Bilbao, la boca de metro, el Kiosco de la esquina. Uno se puede pasar horas mirando el movimiento anónimo. El camarero llega con las cartas, no hay espacio en la mesa.

- Yo no puedo comer nada que tenga ojos -dice Raquel-  así que venga, un pincho de tortilla.
Raquel encuentra siempre un argumento provocador ante las decisiones límite en la vida.
- un mixto de jamón y queso, pido yo, sin pretensiones políticas.
Comimos, escribimos, tejimos permanencias.


Madrid se despliega vertiginosamente a través de frases y de encuentros, a través de bares y de calles. La barra de un bar, dijo Cristina, es ese pliegue del que tu hablas Ani, ¿te das cuenta? Ahí están moebianamente lo público y lo íntimo. Lo más extraño y anónimo enlazando discursos, tejiendo continuidades, creando intimidad. La barra de un bar es el umbral donde la embriaguez hace razón.

- Vente un año sabático aquí, a escribir la tesis
- Eso es lo que quiero
- No te olvides de lo que dice Blake: “aquel que desea y no actúa, engendra peste”.

Escribo.


Tengo una obsesión por los pliegues que me recuerda la frase de Barthes: “Padezco una enfermedad, veo el lenguaje”.
Pliegue-espacio
Pliegue-Tiempo
Pliegue-sexo-muerte


Escribo.

Algo sucede en el entreacto y empieza a llover. Una llamada en medio del espectáculo académico, y todo el saber se hace trizas. La muerte tiene cara de mujer. La muerte obscena irrumpe en Madrid.

Escribo.


Entro y salgo de la clase de Marinas, intento frenar a la bestia. Quiebro las alas metafísicas.
La muerte de una mosca es la muerte.
Entro al salón de clases, algo hace sentido, un coqueteo poético, la agudeza de Marinas, retomo el texto, le saco punta a las palabras.
Punto.
Cuando empieza a llover ya todo ha terminado, camino por las calles sin paraguas, solo lluvia y  piel.


Luego, escribo.

Caminar por las calles, como por un texto que se lee a sobresaltos, teniendo a la vuelta de la esquina la extrañeza de un instante. Escribir como quien camina por una ciudad nueva y descubre, en la siguiente palabra, que ya no es uno quien escribe, que Yo dejó paso a lo Otro para, irremediablemente desaparecer. ¿Qué sucede entre palabra y palabra?  Un intervalo doloroso diría Pessoa.

Fernando en la Rua Garret me espera atemporal y poeta. Yo me dirijo a él desorientada, timón en mano de un auto cuya dueña, copiloto, duerme sin imaginarse que hemos pasado de largo la entrada a Porto y tomamos autopista a Lisboa. Sin planos, sin planes. Solo la noche, un disco de fados acompañando y, el sueño cómplice de una amiga.
Lisboa esta hecha para perderse, las calles, curvas, señales, todo te va llevando al lugar que menos te imaginas. Ella decide, tú debes pactar.

Yo pacté para llegar hasta el poeta. Lisboa guió mis pasos a cambio de unas alas metafísicas rotas que llevaba en la cartera.
Hasta ahora me pregunto qué es lo que haría Lisboa con mis alas. Yo con el poeta aprendo antimetafísica.
Una tarde conversando sobre filosofía me dijo: piensa en esto no como quien piensa, sino como quien respira.
Y respiré. Y pensé en eso, y lloré.
Es cierto que cuando me lo dijo, Fernando tenía una sombra en el rostro, una otredad en la voz. Es cierto también que cuando lo escuché, se abrió algo en mi piel, un pliegue quizá, no sé, pero ya no eran necesarias las alas.
Por cierto ¿qué haría Lisboa con ellas?

Creo que Fernando y Lisboa se citan algunas noches de verano, Lisboa le canta fados eternos, le muestra las alas, lo pierde en sus curvas. Fernando se abre en heterónimos para recorrer, a la misma vez, las calles y los vientos, los muros y las sombras, con cuerpo, con mar, con saudades.

Lisboa pertenece al afuera, Lisboa se hunde en el Tajo, Lisboa me lleva hasta el poeta.

Volver a Madrid luego de un encuentro así no puede ser fácil. El camino se cierra, las pistas pierden los colores y el puente Vasco de Gama parece desaparecer entre la lluvia que se desata al iniciar el día. Una vez que conseguimos dar con el puente, cruzarlo nos tomo minutos que se volvieron horas, que se volvieron días. Fueron como tres los días  que transcurrieron cruzándolo, las aguas modulaban olas y tiempos por debajo de nosotras.

Yo tenía en Madrid una cita con el secretario de la facultad de filosofía, sin embargo a esa hora seguía atravesando el puente Vasco da Gama, un puente que no cree en el tiempo. Timón en mano, sin conducir nada. Regresar a la temporalidad con las manos vacías resultaba mas complicado de lo que los versos de Pessoa mostraban.

Mi amiga no dejaba de hurgar en el mapa tratando de encontrar una solución.
Lisboa esta fuera del tiempo, le dije, tenemos que pactar.

De regreso a Madrid, una película empezaba a las nueve de la noche en los Renoir de la Plaza de los Cubos,  caminando por Princesa rumbo al cine, las calles empiezan a estirarse, la esquina mas cercana se vuelve de una lejanía inalcanzable. Lo cercano se torna objeto de ausencia, la melancolía lo tiñe todo, ¿llegaré a tiempo?
Esta extraña saudade me alejaba de aquello que empezaba a ser deseado. Cuanto más rápido caminaba mayor era la dilatación del asfalto, de las líneas que forman la vereda. Todo se alargaba perdiéndose en un horizonte sin mar. Planos, planos, solo planos sobre los que mi cuerpo se desplaza absurdamente. Pierdo la noción del tiempo. Paro. Se me acerca una esquina y la doblo, la doblo. Ahora mi paso regresa al tiempo, alcanzo las líneas, algo es posible.
Giro, reversos del tiempo, mis manos se arrugan al señalar la ruta, pliegues de las calles madrileñas que camino con nostalgias del poeta. Pacto de tiempo con piel.


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